Shiell, historia de la locura

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Shiell, historia de la locura

Mensaje  Lorena el Jue Oct 04, 2012 5:22 pm



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Recuerdo que desde siempre he sido un niño enfermizo, mas débil que el resto de vampiros y mi familia, demasiado recta, no les agradaba pero me tenían que aguantar.
Cuando apenas contaba con cuatro años me gustaba mucho subir al tejado a ver las estrellas, era un habito algo extraño para un niño de mi edad pero que a mis padres le parecieron bastante conveniente.
Una de las noches, ajeno a lo que el futuro me esperaba me encontraba mirando el cielo, era realmente bonito, se veía cada una de las estrellas pues ese día había un apagón general en la ciudad.
Sentí un ruido tras de mi, no era demasiado ágil, tampoco fuerte así que lo único que hice fue apartarme de lo que vi que seguro que habría sido una muerte segura pues una daga me cortó la mejilla, dicha daga iba dirigida a mi corazón.
- Pare, pare – Exclamé intentando cubrirme con mis brazos, el hombre tenia el rostro cubierto, no me hizo caso.
En un acto inconsciente por salvar mi vida lo empujé, creo que es de una de las tres cosas que mas me arrepiento en mi vida.
Vi como el cuerpo rodaba y rodaba, con horror también vi como lo que le cubría el rostro salía.
- Papa – Susurré, no podía creer que mi propio padre quisiera darme muerte.

Tiempo después fue el funeral, el odio de mi familia hacia mi había crecido.
- ¿Has oído? – Escuché mientras me encontraba frente el ataúd de mi padre para darle el ultimo adiós – Ese niño ha matado a su padre, es una bestia –
- No debería acercarse a nuestros hijos – Le susurró la otra, ninguno de mis familiares salió a detener las habladurías, yo era demasiado cobarde como para dar la cara.

No había pasado ni tres años desde el segundo incidente del que me arrepiento, era mi séptimo cumpleaños, realmente hacia tiempo que no sonreía pero a mi madre parecía no importarle, iba de hombre en hombre y me dejaba al cuidado de las criadas.
- Niño estúpido, quítate de mi camino – Intentó empujarme por las escaleras pero por aquel entonces había aprendido a esquivar la muerte y me aparté, ella cayó hacia abajo golpeándose la cabeza con fuerza, fue una muerte instantánea y para las criadas que subieron a ver solo pudieron verme a mi mirándola sin expresión.

En el funeral que se celebró fue más de lo mismo.
- Ese niño ha vuelto a matar, deberían encerrarlo – Susurró otra mujer, yo volvía a estar frente al ataúd de mi madre.
Ese mismo día me llevaron con mis tíos, los padres de Caitlyn, no les hacia ninguna gracia tenerme con ellos así que yo intentaba molestar lo menos posible.
En el colegio al que me mandaron no se me tenia ningún respeto ni siquiera por mi sangre, recuerdo que todos se metían conmigo y me llamaban asesino, pude aguantar eso dos años hasta que se metieron con la única persona que había sido buena conmigo.
- Tu, la prima del asesino, quítate – Un niño de sexto empujó a mi prima al suelo, ella se quedó mirando sin saber que hacer, nunca había sido empujada.
Fruncí el ceño y me lancé contra ellos, no sabia muy bien que hacia pero puedo recordar la mirada de mi prima de terror, había matado a los tres chicos, esos asesinatos si habían sido míos.
Los profesores acudieron corriendo al lugar, sus rostros eran los mismo que el de mi prima, terror.
- ¿Esto es lo que buscabais? – Exclamé - ¡Ya podéis dejarme en paz! –
Desde ese momento no recuerdo muy bien que pasó, me llevaron a un medico que me evaluó y a pesar de que la prueba daba positivo en mi esta psíquico, mis tíos pagaron para que las adulterara y pudieran encerrarme muchos años.
Todos esos años estuve en un psiquiátrico, no podía ver lo que pasaba al otro lado, el medico que me atendió se sentía culpable y me visitaba cada semana pero al tiempo esas visitas se acabaron, no dejaba de repetirme que él se habría cansado de mi igual que hicieron mis padres o mis tíos.
Todos los domingos, cuando me traían la comida a mi habitación encontraba una flor de papel, no sabia lo que era pero me daba curiosidad, las iba amontonando una a una.

A mis 15 años se me permitió salir pues prácticamente ya no me movía y dormía todo el día, me consideraban ‘inofensivo’ pero simplemente era que había perdido las ganas de vivir.
Mis tíos me esperaban en la salida con cara de disgusto, mi prima con una flor de papel roja que me extendió nada mas verme.

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